En recientes declaraciones a la TV Pública el presidente argentino Javier Milei volvió a quedar en el centro de la escena tras lanzar una de sus declaraciones más duras contra el periodismo.
Dijo que: el 95% del periodismo son delincuentes y se dedican a envenenar el cerebro de la gente. Mucha gente de la política son basura, pero muchos de los periodistas son peores todavía.
Es posible que tenga razón, por alguna causa él ha llegado a ser Presidente de la Nación país y yo ni siquiera del consorcio, pero antes de sacar conclusiones lapidarias hagamos algunas consideraciones, ya que eso que contestar sin analizar en general no es buen consejero, máxime para quienes tenemos un coeficiente intelectual que apenas supera los 100 puntos.
Delincuente, según la real Academia Española
- Es aquel que incurre en una acción u omisión que constituye un delito, rompiendo la ley.
- La RAE vincula este término con malhechor, transgresor, infractor, criminal, agresor, ladrón o reo.
- Aunque la RAE ofrece la definición lingüística básica, en el ámbito jurídico se suele precisar que es la persona autor de una infracción penal.
Para más inri
- Los funcionarios públicos tienen la obligación legal de denunciar los delitos perseguibles, de oficio, que conozcan durante el ejercicio de sus funciones.
- Esta responsabilidad busca salvaguardar la integridad del Estado y la administración pública. La omisión de este deber puede constituir un delito en sí mismo, sancionado con inhabilitación y prisión.
- El Artículo 177 del Código Procesal Penal estipula que funcionarios y empleados públicos deben denunciar los delitos de los que tengan conocimiento.
Ahora que tenemos algunos elementos más, un mejor sustento intelectual podríamos esperar que los conceptos vertidos tengan un correlato.
A partir de esto, como Líder de nuestro país y conductor del mismo, supongo que serán múltiples los pedidos de aclaraciones en todos los sentidos que habrá recibido de la prensa en general y de las agrupaciones que las contienen, no sólo rechazando las imputaciones, sino que exigiendo además que los ilustre sobre ese 5% de periodistas decentes, imparciales, no ensobrados ni por las empresas que les dan trabajos ni por 3° países que buscan el descrédito del Argentina.
Si el Sr. Presidente y/o su gobierno lo saben deberían decirlo. Así como el Servicio Meteorológico Nacional nos anticipa el estado del tiempo para que sepamos si salir con paraguas o protector solar, sería de una utilidad ciudadana inmensa que se nos brindara el ‘pronóstico de honestidad’ detallado.
Si el 95% de los periodistas son delincuentes, los ciudadanos de a pie necesitamos saber quiénes integran ese escaso 5% de ‘cielo despejado’ e impoluto para saber a quién creerle y no terminar empapados de mentiras.
Las generalizaciones en general no son buenas consejeras, y en muchos casos la realidad se ocupa de demostrarlo, en un trámite lento y tortuoso, cuando podría ser mucho más rápido.
Como ciudadano de este país, en pleno ejercicio de mis derechos y mis facultades mentales, como su Partido nos ha definido un simple viejo meado, un jubilado consuetudinario estafado por el sistema, un pagador habitual de todos impuestos, pero dueño de un CV para exhibir y no un prontuario que ocultar, me gustaría conocer a ese 5% periodistas honestos, impolutos, que transmiten sólo la verdad, aunque no estén ensobrados, que no ceden a las presiones ni de las patronales, ni de los países que nos quieren perjudicar.
Descarto que con mayor caudal de virtudes y argumentos que los míos tiene que haber en este país, varios millones de personas trabajadoras, decente, educadas, que se preocupan por el bienestar de su familia y del país, seguramente muchos que lo han llevado con su voto a la 1° Magistratura del país, que merecen conocer de primera mano esa información, a través de los medios que considere más oportunos y relevantes.
También dijo que “Mucha gente de la política son basura” y es posible que sea así, y que algunos pululen por el Salón de los Pasos Perdidos del Congreso de la Nación, realmente no le hacen muy bien a Sociedad esa clase de gente, con lo cual si los puede identificar y no son legisladores que no entren más al Congreso y si son legisladores es bastante sencillo y hoy posible, se le puede hacer juicio político por la causa que corresponda y que en cada caso Usted y sus asesores sabrán muy bien caratular.
Para finalizar podemos recordar el Artículo 177 del Código Procesal Penal que estipula que funcionarios y empleados públicos deben denunciar los delitos de los que tengan conocimiento.
Eso salvo mejor opinión lo involucra, con lo cual, se podría mirar para otro lado con los que ya se fueron, más allá de los pudieran haber hecho, (ya lo dice el refrán no hay que llorar sobre la leche derramada) pero a los que están se les podría hacer juicio político y echarlos de la Cámara con todo lo que ello significa, ya que hemos visto que los legisladores suelen ser inflexibles a la hora de actuar, baste recordar que el 25 de Octubre de 2017 fue desaforado el ex todo poderoso Arqto Julio de Vido.
Hay más antecedentes, por ejemplo, el diputado por Salta Juan Emilio Ameri, fue inducido a renunciar en septiembre de 2020 tras protagonizar un escándalo sexual durante una sesión virtual del Congreso.
De esa forma se gama respeto, como diría la presidenta de su Bloque de Senadores: “El que la hace las paga” o como dijo el jefe de gabinete Manuel Adorni: ningún otro gobierno sostuvo una vara tan alta como la nuestra., o no somos lo mismo que los que vinieron antes”.
Están ante una nueva oportunidad de probar los dichos y que queden como simple frases rimbombantes, huecas, acusaciones y sentencias tiradas a la marchanta.
La conclusión es que cuando se quiere se puede, así que como dijo José Ortega y Gasset en Buenos Aires en 1939 “argentinos, ¡a las cosas!”
(*) Por Edmundo Fuster. Analista y Consultor independiente, residió en España entre 2003 y 2013.
Actualmente es Gerente Técnico en Consultores Técnicos BFL, colaborador habitual en medios de comunicación sobre temas de actualidad nacional y autor de diferentes colecciones de libros.
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