Consolidándose como uno de los principales atractivos de la agenda cultural argentina se inauguró “Disrupción: Romper para crear” del galardonado Karim Makarius, en el espacio VITRIOL ubicado en el centro de la ciudad de Buenos Aires.
El artista repasa cinco décadas de trayectoria marcadas por el quiebre geométrico, el adiós definitivo al grabado y una ácida pero lúcida mirada sobre el orden político mundial.
El acto visceral de romper para crear, no es solo una elección estética, de Makarius sino el motor que ha dirigido su vida y obra.
Entre los presentes en la inauguración se destacó una audiencia intergeneracional, desde consolidados coleccionistas, críticos de arte, diplomáticos, y amigos del artista.

En la vitrina del lugar conviven hoy algunas de sus antiguas témperas geométricas, testigos de una época que el propio Makarius define como “muy complicada” por su extrema rigidez técnica. La necesidad de un cambio radical lo asaltó temprano. Tras una precoz -y según él, contraproducente, como su primera exposición individual en el Museo de Arte Moderno a los tiernos 18 años- cuando decidió patear el tablero familiar y estético.
El hijo del mítico fotógrafo y galerista Sameer Makarius, Karim creció bajo mandatos artísticos estrictos: “Con mi padre tuve muchas discusiones porque él consideraba que Picasso estaba bien, que lo figurativo no valía y que la música con canto tampoco”, rememoró con humor. Para quebrar esas estructuras y evitar que el peso de su apellido influyera en los jurados locales, Makarius recurrió en los años 70 y 80 a una audaz triangulación postal. Metía sus grabados en tubos de cartón y los enviaba ciegamente a concursos de todo el globo, desde bloques comunistas hasta capitalistas. La jugada funcionó. Un día, al regresar a su departamento, se topó con un sobre que anunciaba el primer premio de la Bienal Internacional de Grabado de Brignoles, en Francia, dotado con 5.000 francos de la época. “Ahí me di cuenta de que realmente algo estaba haciendo bien. Si ganaba un premio en Mónaco sin conocer a la princesa, era porque mi obra valía”, bromeó ante los aplausos de los presentes.

Esa rica mixtura entre su matriz geométrica inicial y la rugosidad del grabado decantó años más tarde en la aplaudida “figuración abstracta” que exhibió en su gran retrospectiva en el Palacio Libertad.
Sin embargo, la muestra en VITRIOL tiene un sabor a despedida técnica: en los años 90 abandonó el tórculo definitivamente por considerar que el grabado es un proceso “muy sucio”. ” Mírenlos bien, porque no voy a hacer un grabado más en mi vida”, expresó. Entre las piezas expuestas destaca “El hombre solitario”, una melancólica representación autorreferencial oculta bajo las formas de un automóvil.

De la estética a la trampa de Tucídides, fiel a su estilo provocador, el mismo que traslada a los exabruptos cotidianos de su cuenta de Instagram, Makarius no se quedó encerrado en la burbuja del circuito artístico, conectó su concepto de disrupción con la crisis de las democracias occidentales y la sutil advertencia que Xi Jinping le hizo a Donald Trump sobre la “trampa de Tucídides”, el concepto geopolítico que alerta sobre el peligro de guerra cuando una potencia emergente amenaza con desplazar al hegemon actual.”A los chinos no los agarramos más, están 50 años adelantados”, disparó el pintor mientras mostraba, entre risas, su nuevo teléfono celular de procedencia china. “Por eso me compré este teléfono y dije: chau iPhone”.
Con la honestidad que lo caracteriza, Makarius dejó flotando en el aire una última certeza: el arte no pertenece a los mercados ni a los algoritmos, sino a la pulsión de transformar el mundo. Sus grabados mudos en la pared, rescatados del olvido de los noventa, quedan allí como el testimonio físico de un creador que entendió, antes que muchos, que para fundar un lenguaje propio primero hay que tener el coraje de romper el molde.

El artista dejó picando una definición tan simple como universal que aprendió cuando, a los 15 años y en plena dictadura militar, fundó una revista clandestina para preguntarse que era el arte. “El arte atraviesa toda nuestra vida. Si hacés algo con amor y con cariño, el arte se presenta. Si lo hacés sin amor, probablemente no aparezca”.
Sus grabados en VITRIOL se convierten en una cita obligada para comprender el eslabón perdido en la evolución, de Karim Makarius, prueba que en él “ el amor y la disrupción siempre caminaron de la mano “

Es la oportunidad de espiar el laboratorio de un artista que se animó a desobedecer los mandatos del linaje para construir su propia libertad.
Una invitación a mirar de cerca esos grabados históricos antes de que, como los viejos imperios, terminen de volverse leyenda.
Disrupción: Romper para crear
Espacio VITRIOL Tte. Gral. Perón 1253, entre Libertad y Talcahuano, CABA, Argentina.
La entrada es libre y gratuita.






