Plantear que somos orgullosos subcampeones del mundo puede ser una verdad madura, un eufemismo que encierra una frustración o, también, un planteo conformista que abre la puerta a la búsqueda de excusas.
La reacción espontánea, o prearmadas, de caracterizarnos como racistas y lanzarnos un montón de insultos de los cuales no somos merecedores, más allá del rechazo, del intento de devolución de entradas para asistir a un concierto o de la actitud de algunos pocos actores sociales de renombre que salieron a rechazar esas erróneas afirmaciones, quizás podría analizarse desde otro lugar: preguntándonos por qué se producen semejantes agravios.
La citación que llega desde Estados Unidos por los movimientos sospechosos con los dineros de la AFA es otro aspecto que debemos meter en la coctelera. Y aunque algunos se floreen encontrándose con unos y saludando a otros, quizás este tema no termine del todo bien y sean más que los citados inicialmente quienes deban dar alguna explicación.
La titular del FMI, en su conferencia de prensa en el Ministerio de Economía, hizo especial hincapié en la lucha contra la corrupción. Fue muy genérica en su definición, pero indudablemente la Sra. no come vidrio y debe estar informada de que la materia TRANSPARENCIA Y DECENCIA no sólo nos la llevamos a marzo: año tras año nos ponen un dos y la tenemos previa. Todo esto, por supuesto, sin entrar en detalles.
Los comentarios desafortunados del presidente en Brasil no cayeron del todo bien y hasta China, el gigante asiático, fue solidario con el país de Pelé, Xuxa y Gal Costa.
A buen entendedor, pocas palabras. Aunque también se podría pensar que, si los yanquis no estuvieran tan ocupados con Venezuela, Cuba e Irán, seguramente ya habrían enviado al USS Gerald R. Ford (CVN-78) en dirección al puerto de Vitória, el más cercano al Palacio de Planalto.
Todo no se puede.
Teta y sopa no entran en la boca.
Al vocero presidencial la suerte no lo ha acompañado demasiado y ha sumado una serie de errores no forzados que le han quitado brillo a su gestión: confusión de papeles, proyecciones del dólar y contradicciones en redes que han provocado burlas y hasta el recuerdo del exvocero, de quien, dicho sea de paso, mucho sobre el tema no se habla.
Estos hechos, y alguno que otro omitido deliberadamente, han ocurrido en apenas una semana. Y deberían llevarnos a pensar en el estado de locura en el que tenemos que estar inmersos para soportar semejante acumulación de situaciones, casi como si pudiéramos continuar con nuestra vida como si nada.
No miramos para otro, tenemos los vidrios empañados.
Cada uno de estos temas nos pone a prueba y, consciente o inconscientemente, nos debería triturar el cerebro. No es gratis recibir insultos, agravios y descalificaciones tales como que somos “el país más racista del mundo” o que “somos sucios en el fútbol”, cuando tenemos al mejor jugador del mundo y tuvimos al mejor jugador del mundo.
Quienes hoy nos faltan el respeto, ayer no sabían si la pelota era cuadrada o redonda. Pero lo mejor que se nos ocurre es jugar la finalísima con España “pa’ que aprendan”.
Realmente somos más buenos que Heidi.
El tema del AFA Gate es un lamentable leading case. A ocho meses de que saltó la laucha, todavía no se sabe quiénes son los dueños reales de “la casita de los sueños”, ni siquiera dónde pastan y trotan los caballitos que, encamionados, partieron raudamente de Pilar. Y ni siquiera les han preguntado a quienes figuran como dueños quiénes son los verdaderos.
Realmente preocupante.
Cuando la Sra. Kristalina Georgieva habla del futuro venturoso de Argentina, entre las cosas que menciona aparece la lucha contra la corrupción. Y nosotros, aquí, no tenemos ni un atisbo de respuesta sobre ninguno de los temas de trascendencia mediática que pareciera que han entrado en un cono de sombras.
No los menciono adrede. Para que hagas un ejercicio de memoria y recuerdes alguno.
Ya verás que, en todos los casos, los perjudicados somos LOS NOSOTROS.
Si no pudieras recordar siquiera tres casos relevantes, es para pedir turno con un neurólogo.
Eso de ir a hacer campaña en otro país para un candidato no es de lo mejor visto en nuestras sociedades. Pero dedicar un rosario de calificativos a los contrincantes, máxime si se trata del presidente o del jefe de gobierno, y pensar que será gratis, es cuanto menos un error de cálculo.
Que la situación descripta posiblemente no traiga consecuencias puede ser. Todos los países se necesitan y existen aspectos históricos, culturales y comerciales que trascienden estos pequeños episodios. Dicho sea de paso, si se pudieran evitar, sería bastante mejor.
Los bloopers del joven vocero presidencial no dan más que para el chiste fácil de una oposición que no le encuentra el agujero al mate. No tienen demasiada gravedad ni importancia, pero indudablemente deberían tender a no repetirse, al menos con tanta asiduidad.
Porque la vocería no es un stand up.
Debe ser la voz, nada más y nada menos, del presidente de todos los argentinos.
No es cualquier cosa.
Definitivamente, el presente nos interpela.
Ya no es suficiente que baje la inflación, ni que exista equilibrio fiscal, ni que el Banco Central compre dólares diariamente. Hacen falta más cosas. Bastantes más.
Y no son todas económicas.
No es necesario andar a los besos con todo el mundo, pero tampoco creando situaciones disruptivas con algunos. Por ejemplo:
- Luiz Inácio Lula da Silva (Brasil)
- Pedro Sánchez (España)•
- Gustavo Petro (Colombia)
- Andrés Manuel López Obrador y Claudia Sheinbaum (México)
- Nicolás Maduro (Venezuela)
- Gabriel Boric (Chile)
- Luis Arce (Bolivia)
- Victoria Villarruel (vicepresidenta de Argentina)
El ministro de Hacienda brasileño no fue demasiado elogioso con el presidente Milei, en lo que parece más una pelea de adolescentes que una relación entre personas maduras que, cuando hablan, no lo hacen desde sí mismas, sino desde el cargo y la representación que ostentan.
Además, según la Revista Noticias, el expresidente Alberto Fernández calificó a Javier Milei como “un pobre imbécil”, con posibles problemas psiquiátricos; lo tildó de “energúmeno” por sus cruces con Lula da Silva y cuestionó el costo social de sus medidas económicas.
Hay cosas que pasan por debajo de nuestro radar, como las mencionadas precedentemente.
Pero también pasan cosas importantes que merecen nuestra mayor atención.
En el mismísimo Monumental, River Plate fue vencido por Barracas Central, el club del “Chiqui” Tapia (Presidente de la Asociación del Futbol Argentino y candidato a ser llamado a EEUU a dar algunas explicaciones).
Y eso ya es pa’ meá y no echá gota.
LOS NOSOTROS no somos malos.
No somos racistas.
Simplemente tenemos los vidrios empañados.
(*) Edmundo “Mundy” Fuster –Consultor y Columnista de Opinión – CABA – Argentina






