Estudiante de la UNNE construye un registro sobre cómo está cubierto el suelo del Chaco

Publicado en febrero 27, 2026.

La falta de información uniforme sobre qué cubre el suelo del noreste argentino dificulta la planificación territorial. Eliana González, estudiante de la Licenciatura en Geografía, lleva adelante una investigación para generar y validar ese registro a partir de imágenes satelitales. El trabajo busca producir datos confiables para quienes toman decisiones sobre el territorio.

Desde un satélite que orbita la Tierra, la provincia del Chaco se ve como un mosaico: manchas de bosque, zonas de cultivo, pastizales, cuerpos de agua, ciudades. Saber con precisión qué ocupa cada porción de ese territorio —y cómo cambió en las últimas décadas— es la tarea que lleva adelante Eliana González, estudiante de la Licenciatura en Geografía de la Universidad Nacional del Nordeste (UNNE).

González trabaja en el proyecto «Identificación y validación de coberturas de la tierra en la Provincia de Chaco por medio de imágenes Sentinel-2 en la plataforma Google Earth Engine», con el respaldo de una Beca de Estímulo a las Vocaciones Científicas (EVC-UNNE). La dirige el doctor Osvaldo Daniel Cardozo, docente del Departamento de Geografía de la Facultad de Humanidades e investigador del CONICET.

El concepto de “cobertura de la tierra” hace referencia a lo que físicamente cubre el suelo: si hay árboles, agua, construcciones, tierra vacía o cultivos. Esta información es un punto de partida para cualquier decisión sobre cómo ordenar y usar el territorio: dónde instalar servicios, qué zonas proteger, dónde se están produciendo cambios.

El aporte que la becaria hará con su estudio es determinante, ya que en el NEA esa información es escasa. Lo que existe no siempre fue producido con los mismos criterios, por lo que comparar datos de distintos años o distintas fuentes resulta difícil. Esa brecha es, precisamente, la que este trabajo busca cubrir.

Herramientas de Trabajo. El proyecto tomó como punto de partida imágenes del satélite Landsat para construir registros del Chaco en dos momentos: 1990 y 2020. A partir de esas imágenes —procesadas en Google Earth Engine, una plataforma que permite analizar datos satelitales desde cualquier computadora conectada a internet— se clasificó qué hay en cada punto del mapa.

Para clasificar esas coberturas González utilizará un sistema de categorías creado por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), que tiene la ventaja de poder adaptarse a distintos ambientes y regiones del mundo. Esto permite que los datos obtenidos en el Chaco puedan compararse con registros de otros lugares.

Plataforma de Google Earth Engine que contiene las imágenes satelitales utilizadas para el trabajo de la becaria.

Verificación de las clasificaciones. Una vez que el sistema clasifica automáticamente las coberturas, corresponde verificar que el resultado sea correcto. Dicho de otra forma, lo que el algoritmo identificó como bosque sea realmente bosque, y no otra cosa. Eso es el trabajo que González viene realizando: analizar- con las técnicas disponibles- para comprobar la exactitud de esas clasificaciones.

Para eso, utiliza imágenes del satélite Sentinel-2, que ofrece más detalle que Landsat. Con ese material, González genera puntos de control —ubicaciones concretas sobre el mapa donde se puede verificar, mirando la imagen con más resolución, qué tipo de cobertura hay realmente. Esos puntos se eligen de forma aleatoria pero considerando la proporción de cada tipo de cobertura en el territorio, para que la muestra sea representativa.

Además del trabajo frente a la pantalla, algunos de esos puntos de control se verifican en terreno, con equipos de geolocalización, para asegurarse de que la información satelital coincida con lo que se observa en el lugar.

Mapas y gráficos. Tras verificar las clasificaciones, los resultados toman forma de mapas gráficos y tablas que muestran cómo estaba cubierto el suelo del Chaco en cada uno de los dos años analizados. Esa comparación puede dar a conocer, por ejemplo, cuánto bosque se perdió, cuánta superficie se incorporó a la producción agrícola o cómo crecieron las áreas urbanas en esas tres décadas.

González no busca como resultado final de su trabajo diseñar ese mapa, pero sí algo fundamental garantizar que ese mapa sea confiable.

El aporte del trabajo de la becaria podrá tener impacto en la toma de decisiones sobre el uso del suelo y las consecuencias sobre los ecosistemas, las comunidades y la economía regional. Hará posible contar con datos verificados para poder planificar sobre información sólida.

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