Por Corrientes al Día
Una devastadora serie de inundaciones repentinas golpeó zonas montañosas de Nepal y el Tíbet, en China, y dejó más de 270 personas muertas y alrededor de 1.300 desaparecidas, según el último balance difundido por las autoridades.
Entre las personas cuyo paradero se desconoce habría al menos 700 extranjeros de 28 países, muchos de ellos turistas y peregrinos que recorrían senderos o visitaban sitios religiosos de la región del Himalaya.
Las operaciones de búsqueda y rescate continuaban este jueves en condiciones extremas, con comunidades aisladas, caminos destruidos y un riesgo latente de nuevas crecidas.
Un torrente de barro, hielo y rocas arrasó poblaciones
El desastre se desencadenó durante las primeras horas del miércoles. Una violenta masa de agua, lodo y escombros descendió por los valles montañosos y arrastró edificios, puentes, colectivos y automóviles.
Videos difundidos por autoridades y testigos muestran el momento en que enormes paredes de barro avanzan sobre las poblaciones, mientras cientos de habitantes intentan escapar hacia zonas elevadas o buscar refugio.
La magnitud de la corriente modificó cauces y provocó daños a más de 100 kilómetros río abajo. El agua avanzó hacia sectores cercanos a la frontera con India, lo que amplió el área de emergencia y complicó la asistencia humanitaria.
Los primeros análisis apuntan al colapso de una gran sección de hielo como posible origen de la catástrofe.
De acuerdo con la información difundida, investigadores consideran que parte de un glaciar se desprendió y cayó por la ladera, provocando una avalancha de hielo y rocas que impactó sobre el río Lhende Khola, en el territorio tibetano.
El Servicio Geológico de Estados Unidos describió este tipo de fenómeno como el desprendimiento repentino de una porción de la masa glaciar. La caída puede liberar enormes volúmenes de agua y materiales acumulados, generando una inundación de gran velocidad y poder destructivo.
Las autoridades todavía trabajan para establecer la secuencia completa del desastre y determinar si intervinieron otros factores geológicos o climáticos.
Seis centrales hidroeléctricas resultaron dañadas
La emergencia también alcanzó infraestructura estratégica. Al menos seis grandes centrales hidroeléctricas sufrieron daños, mientras que se reportaron desperfectos en instalaciones comerciales y logísticas de Gyirong, una ciudad clave para el intercambio fronterizo.
Numerosos puentes quedaron destruidos y varias rutas fueron bloqueadas por el barro y los derrumbes. Esa situación dificulta la llegada de maquinaria pesada, alimentos, medicamentos y personal de rescate a los pueblos más afectados.
Equipos de emergencia, fuerzas locales y pobladores trabajan contrarreloj para encontrar sobrevivientes entre los escombros. En algunos sectores, los rescatistas solo pueden avanzar a pie o mediante operaciones aéreas.

El impacto del cambio climático en el Himalaya
Especialistas advirtieron que el calentamiento global aumenta la inestabilidad de los glaciares y multiplica el riesgo de desastres encadenados en regiones de alta montaña.
Simon Cox, responsable del programa De las Montañas al Mar, explicó que estos cambios hacen más frecuentes los colapsos y los “peligros en cascada” como los registrados esta semana.
Por su parte, Benjamin Horton, decano de la Facultad de Energía y Medio Ambiente de la Universidad de la Ciudad de Hong Kong, describió lo ocurrido como un “evento compuesto”.
El especialista señaló que la interacción entre los cambios climáticos y los procesos geológicos puede producir un desastre “más complejo y dañino” que el generado por cualquiera de esos factores de manera aislada.
Uno de los mayores desafíos es localizar a los visitantes que se encontraban en la región cuando avanzó la inundación. Las autoridades intentan reconstruir los itinerarios de turistas y peregrinos, pero las comunicaciones permanecen interrumpidas en distintas comunidades.
La presencia de ciudadanos de al menos 28 países llevó a solicitar cooperación internacional para identificarlos y contactar a sus familiares.
Mientras continúa la búsqueda de más de 1.300 desaparecidos, organismos humanitarios movilizan recursos para asistir a las personas evacuadas. El temor se concentra ahora en la posibilidad de nuevas crecidas y desprendimientos en una región donde el terreno permanece inestable.






