Un lector, de un país que no es el mío, me escribió un comentario preguntándome si las anécdotas que incluyo en mis artículos son verdaderas o las invento.
Le respondí que sí, que siempre son verdaderas en esencia, obviamente maquilladas para la ocasión, y le pregunté el porqué de su duda.
Me respondió que le resultaban muy ilustrativas. No me dijo que eran geniales ni pésimas, simplemente ilustrativas.
Mucho agravio y poco aplauso
Escuchando al presidente Milei en su discurso en el Council of the Americas, un párrafo me trajo una conversación al recuerdo. Refiriéndose al desempleo, aseguró que el sector privado formal está igual y señaló que el 50% del mercado es informal.
Hace tiempo tuve una conversación con una profesora de un renombrado colegio secundario de la ciudad de Buenos Aires, mientras realizábamos con la empresa trabajos de mantenimiento edilicio y remodelaciones.
Los alumnos eran bastante salvajes, los baños eran fumaderos de porros que se vendían en la puerta de la escuela, en los retretes estaban de a dos, las paredes recién pintadas aparecían arruinadas con aerosol y consignas políticas. Un verdadero descontrol.
La profesora me comentó que era un lugar imposible para enseñar, que la conducta fuera y dentro de las aulas era un desastre y que la responsabilidad era del Director, que era un inútil. Pero que ella no se podía quejar.
Le pregunté la razón y me dijo:
Porque es mi padre y yo sólo soy la Regente del turno tarde.
En el Council of the Americas ese ámbito, quizás un poco acartonado, hubo un contrapunto que no debe haber escapado a nadie que haya visto cinco minutos del discurso presidencial: un fuerte contenido descalificatorio y reparto de palos a diestra y siniestra, por un lado, y tibios, tímidos y brevísimos aplausos, casi de compromiso, por el otro.
Lo cual no es bueno ni malo. Es simplemente para tomar nota.
¿Dónde están los responsables?
Volvamos al discurso.
¿Es creíble que la informalidad alcance al 50% de los trabajadores? No se sabe si es creíble. Es directamente incomprobable.
Supongamos que sea correcto, un poco más o un poco menos da igual. En definitiva, ¿quién es el responsable de que eso suceda? Obviamente, el propio Gobierno. Todos los anteriores y el actual también.
Si eso sucede es porque alguna estructura no controla adecuadamente. Hay desidia, incapacidad, escasez de personal o complicidad. Con lo cual, alguien debería hacerse cargo del tema y, si no obtiene resultados verificables, tendrá que irse a su casa o, dicho sin eufemismo, debería ser echado a patadas.
Porque si los comerciantes, profesionales o empresarios no pagan los impuestos, alguien debe controlar. Algo que, se supone, se hace.
Parece que nadie vio nada
Una de las causas, bastante creíble, por cierto, que aduce el sector empresario para no estar en condiciones de competir es la presión fiscal. Pero si la mitad no paga y nadie hace que pague, estamos ante un problema. La solución es más difícil que morderse el codo
Con la ropa que viene del exterior, fundamentalmente de China, no se puede competir por innumerables razones. Pero ¿alguien escuchó hablar de los talleres textiles clandestinos, con personal en estado de semi esclavitud?
Pasemos a la construcción. No a la obra pública, porque cuando hay obra el cliente paga sin chistar. A la privada que hacen los desarrolladores no tanto, y las refacciones particulares, mejor ni hablar. ¿De esta situación tampoco nadie se enteró?
Sigamos. Pasemos a los monotributistas, trabajadores decentes que, si no fuera por ese sistema, no consiguen un miserable trabajo. Es decir, son socios involuntarios de un empresario que no paga los impuestos al trabajo. ¿Esta situación tampoco nadie la conocía?
Bueno, va siendo tiempo que alguien se entere.
¿Se puede culpar al trabajador no registrado por estar NO registrado? Obviamente que no, aunque en realidad, como una oda a la ignorancia, algunos prefieren que no les hagan ningún descuento.
¿Los empresarios son responsables? Para no caer del todo antipático, diré: un poquito mucho, sí. Aunque se pueda entender que, si Juan paga y Pedro no, Pedro puede vender más barato, Juan se funde y despide a sus trabajadores, algo que nadie quiere que suceda. Por eso el Estado debe controlar y asegurar igualdad de oportunidades y de obligaciones.
¿Las obras sociales sindicales tampoco se han percatado de que hay algunos errores en la categorización y en las horas trabajadas de muchos obreros y empleados? Es posible. Con tanto trabajo puede ser que no hayan tenido tiempo de advertir que casi todos están en las categorías más bajas y que casi nadie cobra más que el básico de convenio.
Para ponerle un moño, podemos preguntarnos:
¿El Estado, con sus mecanismos de control, tampoco avanza mucho sobre este tema? Esta situación sucede desde hace tiempo y lo grave es que no debería descartarse del todo que en otros ámbitos suceda lo mismo.
Con lo cual, lo más fácil es ajustar a los indefensos jubilados, a los discapacitados, a los científicos, a las fuerzas armadas y de seguridad, entre muchos otros que cargan sobre sus espaldas situaciones ajenas y sin posibilidades de aportar a la solución, que obviamente le corresponde a otros.
Acomodando que es gerundio
Va siendo tiempo de poner TODAS las cosas en orden. De terminar con tanta evasión.
- Basta de 10% por pago de contado y sin entrega de factura.
- Basta de insultos a los que piensan distinto.
- Basta de miedo de plantearle al que manda una visión diferente.
Hay posiciones donde, si uno tiene miedo de decir lo que piensa, debe decir hasta aquí llegó mi amor y volverse a su casa silbando bajito. Si la recuperación de la juventud se logra con recitales de rock pesado, realmente ese será un compromiso atado con hilo de coser. Sinceramente, tristísimo.
Pareciera que estamos volviendo a los tiempos en que, en vez de desactivar minas antipersonas, se las coloca y se invita a la sociedad a hacer pogo.
Las encuestas, las benditas encuestas, coinciden en general en casi todos los temas. También en que una cantidad nada despreciable de personas no quiere volver al pasado, que apuesta a la continuidad del modelo económico, pero con salvedades.
Y pareciera que no todos están entendiendo ese mensaje. Peor aún, los que sí lo entienden poco dicen y hacen para intentar corregir el rumbo.
Pareciera que la lucha contra la inflación, el superávit fiscal y el recorte de gastos superfluos son considerados positivos por la mayoría del pueblo argentino, aunque por momentos diera la impresión que toda la economía cierra perfecto en una hoja de cálculo, haciendo abstracción que existe la gente.
Habría que ver cómo cierra incluyendo esa variable, que, dicho sea de paso, es realmente gravitante.
Sería muy triste que se volviera al pasado y que toda la mishiadura que hemos pasado fuera arrastrada por un alud populista que, a base de emisión, nos haga vivir en Disney, mientras algunos se vuelven multimillonarios.
Hay que tener cuidado. De tanto jugar con fuego podemos provocar un incendio.
Todo va de acuerdo al plan, no hay ningún motivo para pensar en futuros con reminiscencias del pasado.
Pero, por las dudas que el diablo meta la cola…, recarguemos los matafuegos y renovemos los pasaportes.
(*) Por Edmundo “Mundy” Fuster -Consultor y Columnista de Opinión -CABA – Argentina






