El arquitecto Tobías Dumke estudia cómo las conexiones entre ambas ciudades pueden dejar de funcionar solo como canales de tránsito y convertirse en estructuras que integren barrios, naturaleza y usos colectivos del territorio. El Trabajo examina los corredores que unen las dos ciudades del NEA para formular lineamientos que puedan orientar políticas públicas de integración territorial, ambiental y de espacio urbano compartido.
Resistencia y Corrientes funcionan como dos conglomerados urbanos que no terminan de encontrarse. Las rutas que las conectan fueron pensadas para mover vehículos, no para integrar comunidades. Los espacios verdes entre ellas no se comunican entre sí. Los barrios que crecen en la periferia de ambas ciudades lo hacen de espaldas al territorio que las rodea.
Esa desconexión es el punto de partida de la investigación que lleva adelante el arquitecto Tobías Dumke, bajo la dirección de la arquitecta (Mgtr.) María J. Roibón y la codirección de la doctora Claudia A. Pilar, docentes de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la UNNE.
El trabajo es sostenido gracias a una Beca de Estímulo a la Investigación Tipo I de la Secretaría General de Ciencia y Técnica de la UNNE, se titula «Corredores urbanos y paisaje para la integración de Resistencia y Corrientes. Estrategias hacia un sistema metropolitano sostenible», y propone una mirada diferente sobre el espacio que separa —y que podría unir— a estas dos ciudades más del NEA.
Dumke parte de una constatación: las formas en que se ha planificado el crecimiento de ambas ciudades han tratado las vías de conexión entre ellas como simples canales de tránsito. Calles, avenidas y rutas fueron diseñadas para trasladar personas y mercaderías de un punto a otro, sin considerar que esos mismos espacios podían cumplir otras funciones: ser lugares de encuentro, de integración de barrios o de fortalecimiento de una identidad compartida entre los habitantes de la región.

La investigación busca responder si es posible transformar esas vías de conexión —a las que en términos técnicos se llama «corredores urbanos»— en estructuras que integren, al mismo tiempo, el movimiento de personas, la presencia de naturaleza y el uso colectivo del espacio. Dicho de otra forma: ¿pueden los caminos entre Resistencia y Corrientes dejar de ser solo rutas y convertirse en lugares donde también se vive, se camina, se respira y se habita?.
La hipótesis central que guía el trabajo sostiene que, si se planifica un conjunto de corredores urbanos con una mirada que integre el paisaje, el espacio público y los sistemas naturales, es posible construir una identidad metropolitana compartida entre las dos ciudades. Es decir, que Resistencia y Corrientes dejen de ser dos manchas urbanas que coexisten separadas y comiencen a funcionar como un solo territorio con coherencia, donde el espacio entre ambas sea tan importante como el espacio dentro de cada una.
Evaluación de estrategias
El objetivo central de la investigación es evaluar estrategias que permitan integrar las dos ciudades desde el punto de vista del territorio, el medioambiente y el paisaje.
Para eso, el trabajo se propone varios objetivos concretos: estudiar cómo están organizados actualmente el espacio y las funciones urbanas en la región; identificar qué corredores existen hoy y cuáles podrían desarrollarse; clasificarlos según su función, su tamaño y su potencial de transformación; y, finalmente, elaborar lineamientos —es decir, orientaciones concretas— que puedan guiar decisiones de planificación y políticas públicas en la zona.
Imágenes satelitales. La investigación se desarrolla en cuatro etapas. La primera consiste en analizar y diagnosticar el territorio: entender cómo está organizado el espacio entre y dentro de las dos ciudades, cuáles son sus fortalezas y sus problemas. Para eso, el becario trabaja con mapas digitales y herramientas de información geográfica, analiza imágenes satelitales, realiza recorridos de campo y toma registros fotográficos.
La segunda etapa apunta a identificar y describir los corredores existentes y potenciales, observando cómo están construidos, qué función cumplen y qué vínculos tienen con el entorno natural y social. La tercera etapa consiste en clasificar esos corredores en categorías según su tipo —viales, de naturaleza, culturales o combinados— y construir posibles escenarios de cómo podría transformarse el territorio si se actuara sobre ellos. La cuarta y última etapa sintetiza todo ese análisis en lineamientos estratégicos que puedan orientar decisiones concretas de diseño y planificación.
Además, se prevé la realización de entrevistas a técnicos y profesionales vinculados a la planificación urbana y ambiental de la región, para incorporar perspectivas de quienes trabajan directamente en la gestión del territorio.
Corredores urbanos
El trabajo todavía está en sus primeras etapas. A partir del análisis del territorio, se prevé reconocer distintos tipos de corredores urbanos —algunos orientados al tránsito, otros a la naturaleza, otros a la cultura y otros con funciones combinadas— y evaluar en qué medida cada uno puede contribuir a conectar las partes hoy fragmentadas del sistema urbano.
La clasificación que se construya permitirá entender qué rol puede cumplir cada tipo de corredor, en qué escala actúa y cuánto potencial de transformación tiene. Los escenarios que se elaboren, por su parte, ofrecerán alternativas concretas para pensar cómo podría evolucionar el territorio si se tomaran decisiones orientadas a la integración, la sostenibilidad y la capacidad de adaptarse a los cambios del clima y del crecimiento urbano.
Entre los resultados esperados, el trabajo también identifica el potencial de los corredores para favorecer el movimiento de fauna y flora entre sectores naturales hoy desconectados, para mejorar las condiciones de traslado a pie o en bicicleta, para recuperar espacios de uso colectivo y para fortalecer un sentido de pertenencia común entre los habitantes de la región metropolitana.
Utilidad de los resultados
Las conclusiones que se vayan alcanzando tienen proyección en varios planos. En el ámbito de la universidad, el trabajo contribuye a un programa de investigación más amplio del CEGAE y servirá además como base para la futura tesis de maestría del becario, aportando herramientas de análisis que pueden replicarse en otras ciudades del NEA con situaciones similares.
En el plano de la utilidad concreta para la sociedad, los lineamientos que produzca la investigación podrán orientar políticas públicas, instrumentos de planificación territorial y estrategias de ordenamiento del espacio urbano. En una región que enfrenta los desafíos del crecimiento sin planificación, los efectos del cambio climático y la falta de espacios públicos, contar con herramientas basadas en el análisis del propio territorio puede marcar una diferencia real en las decisiones que se tomen sobre el futuro de Resistencia y Corrientes.
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