El trabajo analizó 40 historias clínicas del Hospital General San Martín y encontró que más de la mitad de los pacientes llegaron a la consulta con dolor abdominal. Los resultados advierten que los síntomas iniciales de la enfermedad pueden confundirse con los de otras dolencias menos graves, lo que retrasa el diagnóstico.
El cáncer de intestino grueso —denominado en la jerga médica «cáncer colorrectal»— es una de las principales causas de enfermedad y muerte tanto en el mundo como en Sudamérica. Argentina y Uruguay son los países de la región con las tasas más altas. En el año 2020, esta enfermedad causó 7.375 muertes en Argentina, lo que representó el 12,4% de las muertes por cáncer en el país. Afecta principalmente a personas mayores de 50 años, aunque puede aparecer en personas más jóvenes.
Una de las características de este tipo de cáncer es que se desarrolla de forma lenta, a partir de pequeñas formaciones en el interior del intestino llamadas pólipos. Ese proceso gradual abre una ventana de tiempo durante la cual es posible detectar la enfermedad antes de que avance, lo que mejora las posibilidades de tratamiento.
Sin embargo, uno de los obstáculos es que los síntomas iniciales pueden confundirse con los de otras enfermedades menos graves. Frente a ese escenario, el estudio se propuso describir con datos locales cómo llegan los pacientes al hospital, qué síntomas presentan al momento de la consulta, cuál es el más frecuente, y cómo se comporta la enfermedad en personas menores de 50 años.
La estudiante de Medicina de la Universidad Nacional del Nordeste (UNNE), Valentina Guadalupe Testi llevó adelante una investigación en el Hospital General José Francisco de San Martín de Corrientes para conocer de qué manera se manifiesta el cáncer colorrectal en los pacientes que llegan a ese centro de salud, y cuáles son los primeros síntomas que los llevan a consultar.
El trabajo, titulado «Cáncer colorrectal en un hospital de Corrientes: Evaluación de su manifestación y estudios diagnósticos asociados», fue realizado con el financiamiento de una Beca de Estímulo a las Vocaciones Científicas (EVC) del Consejo Interuniversitario Nacional (CIN) y bajo la dirección de las doctoras María Victoria Aguirre y María Inés Tabernero, docentes de la Facultad de Medicina de la UNNE.
Historias Clínicas. La investigación revisó las historias clínicas de 40 pacientes que recibieron un diagnóstico de cáncer colorrectal en el Hospital San Martín entre enero de 2024 y julio de 2025. El estudio analiza casos ya registrados, sin intervención sobre los pacientes. Se relevaron datos como la edad, el sexo, los síntomas que los llevaron a consultar y si tenían anemia al momento del diagnóstico.
Resultados. De los 40 pacientes analizados, 22 eran varones (55%) y 18 mujeres (45%). El promedio de edad fue de 58 años y medio, con casos que iban desde los 26 hasta los 87 años.
El síntoma que más frecuentemente llevó a los pacientes a consultar fue el dolor de panza: estuvo presente como motivo principal de consulta en la mitad de los casos (50%) y, al analizar el cuadro completo de cada paciente, apareció en el 67,5% de ellos. El dolor se distribuyó en distintas zonas del abdomen, sin una localización única.
Otros síntomas presentes en los pacientes fueron: baja de peso (65%), cambios en el ritmo intestinal (42,5%), cansancio generalizado (32,5%), falta de fuerza (25%), panza hinchada y náuseas (22,5% en cada caso), vómitos y sangrado por el recto (17,5%), falta de apetito (10%), sensación de no haber terminado de evacuar (7,5%) y sangre en las heces (2,5%). La anemia —una reducción de los glóbulos rojos en la sangre— estuvo presente en la mitad de los pacientes.
En cuanto a los pacientes menores de 50 años, el estudio encontró que el 22,2% de las mujeres y el 9,1% de los varones pertenecían a ese grupo. Los estudios de referencia suelen reportar mayor proporción de casos jóvenes en varones, por lo que los datos locales presentan una diferencia con esa tendencia.
La becaria junto al cuerpo docente que orientó el estudio señaló a UNNE Medios, que el hecho de que los síntomas sean tan generales —como el dolor de panza o la baja de peso— es precisamente lo que dificulta llegar al diagnóstico a tiempo, ya que esos mismos síntomas pueden corresponderse con muchas otras enfermedades menos graves. Esa ambigüedad puede demorar la consulta o llevar a los médicos a explorar primero otras hipótesis.
La presencia de anemia en la mitad de los casos y los cambios en el ritmo intestinal en más del 40% son señales que, según la literatura médica, se asocian con etapas avanzadas de la enfermedad. Eso sugiere que una parte de los pacientes del hospital llegó al diagnóstico cuando la enfermedad ya tenía cierto tiempo de evolución.
Respecto al dolor, el estudio plantea que su frecuencia podría reflejar un deterioro del estado general de los pacientes incluso antes de iniciar el tratamiento, con consecuencias sobre su bienestar cotidiano. Para futuras investigaciones, el equipo propone estudiar si existe una relación entre la zona del abdomen donde se siente el dolor y el lugar exacto donde está ubicado el tumor, lo que podría ser una herramienta para orientar el diagnóstico.
El estudio reconoce limitaciones: la cantidad de pacientes analizados es reducida y la información dependió de los registros disponibles en las historias clínicas digitales, que en algunos casos pueden estar incompletos.
Aporte del estudio. Uno de los puntos que el equipo destaca es que Corrientes cuenta con poca información publicada sobre cómo se presenta clínicamente esta enfermedad en la región. Por eso, el estudio aporta datos de contexto local que pueden ser de utilidad para los profesionales de salud de la ciudad.
Con respecto a la conclusión, sostiene: dado que los síntomas son inespecíficos y comunes a otras enfermedades, es necesario reforzar las estrategias de detección temprana, en particular para personas jóvenes o para quienes no tienen antecedentes familiares de la enfermedad. Detectar el cáncer de intestino grueso en sus primeras etapas mejora en forma significativa las posibilidades de tratamiento y la calidad de vida de los pacientes.






