por Corrientes al Día
Después de casi 36 horas de desesperación, operativos cerrojo y una búsqueda contrarreloj que movilizó a cientos de efectivos en Corrientes, el pequeño N., de apenas seis años, fue encontrado sano y salvo en una zona rural cercana a San Isidro, en Goya. El caso, ocurrido en Esquina, quedó encuadrado como un grave episodio de violencia vicaria, según confirmó el ministro de Seguridad provincial, Adán Gaya.
“El niño tenía que aparecer”, resumió el funcionario al describir la tensión vivida durante las horas críticas posteriores a la desaparición del menor, quien había sido llevado por su padre en medio de un contexto de violencia de género.
Gaya explicó que el acusado “utilizó a su hijo para causar daño a su pareja”, una de las características centrales de la violencia vicaria. En ese contexto, sostuvo que el objetivo prioritario de todas las fuerzas involucradas fue preservar la vida del pequeño. “Había un chico de seis años desaparecido y esa era toda nuestra presión”, afirmó.

Operativo cerrojo, drones y 300 policías
Desde el primer momento se activó un amplio dispositivo coordinado entre fuerzas provinciales, organismos nacionales y la Justicia. La base operativa funcionó en la Comisaría Primera de Esquina, bajo la intervención del fiscal Mosquera.
El despliegue incluyó a unos 300 efectivos policiales de distintas divisiones, entre ellas unidades rurales, grupos especiales, bomberos, drones, canes, Seguridad Vial, Delitos Complejos y personal especializado en Trata y Búsqueda de Personas.

Además, se implementó la Alerta Sofía, lo que permitió ampliar el operativo a nivel nacional debido a la condición de extranjero del padre del menor.
“Cerramos anillos en rutas, accesos y pasos fronterizos, incluso ilegales. Sabíamos que era una zona compleja”, explicó Gaya sobre el operativo cerrojo desplegado en toda la región.
Silencio estratégico durante la búsqueda
El ministro también reveló que durante gran parte del operativo se decidió limitar la difusión pública de información sensible para evitar que el acusado modificara su conducta o reaccionara violentamente.
“Había que ser muy cuidadosos con lo que se comunicaba. Podía influir en la conducta del autor, que ya había ejercido violencia”, sostuvo.

Actualmente, el padre del niño permanece detenido y enfrenta cargos por tentativa de homicidio y sustracción de menores.
Sobre el momento del hallazgo, Gaya admitió que existía incertidumbre respecto a si el acusado estaba armado. “No teníamos el dato de que no estuviera armado. Se presumía que pudo haber perdido o arrojado el arma a un arroyo”, señaló.
El funcionario relató además una escena estremecedora durante el rescate: “El niño pedía que no maten a su papá”.
Tras el desenlace favorable, el titular de Seguridad insistió en la necesidad de reflexionar sobre las distintas formas de violencia que atraviesan a mujeres y niños.

“La violencia de género y contra la infancia existe y hay que abordarla”, afirmó, al tiempo que remarcó la importancia de las denuncias tempranas. “Que la gente llame al 101 y denuncie. Es la manera de actuar a tiempo”, agregó.
¿Qué es la violencia vicaria?
La violencia vicaria es una forma extrema de violencia de género en la que el agresor utiliza a los hijos, familiares o personas queridas de la víctima para causarle daño psicológico, emocional o incluso físico.
En estos casos, los niños son utilizados como herramienta de control, manipulación o castigo hacia la madre. Puede incluir amenazas, secuestros, maltrato, lesiones e incluso homicidios.
El concepto comenzó a visibilizarse con mayor fuerza en los últimos años y busca describir situaciones en las que el agresor intenta destruir emocionalmente a la mujer atacando aquello que más ama: sus hijos.
Especialistas consideran que este tipo de violencia requiere intervención urgente del Estado, la Justicia y los organismos de protección de la infancia debido al alto riesgo que implica para las víctimas directas e indirectas.






