Hay personas que pasan por la vida dejando huellas, y hay otras, como vos, que trazan caminos enteros para que otros los sigan. Hoy nos toca despedir no solo a un médico de excelencia, sino a un ser humano excepcional cuyo paso por este mundo fue muy generoso.
Como pediatra, su legado se cuenta en las sonrisas de los niños que hoy son adultos sanos gracias a su entrega. Tenía ese don escaso de calmar el llanto de un pequeño y, al mismo tiempo, dar paz al corazón angustiado de unos padres. La medicina nunca fue solo una ciencia, sino un ejercicio continuo de compasión, de entender al prójimo con una sonrisa, con un silencio, con una palmada.
Como maestro y formador de médicos, tu estela es infinita. No solo enseñó la fisiología o el diagnóstico; enseñó la ética del cuidado y la importancia de mirar a los ojos al paciente. Muchos de los que hoy ejercen la medicina lo hacen intentando remedar su rigor, su curiosidad intelectual y esa generosidad inmensa de quien comparte todo lo que sabe para que la ciencia avance.
Pero, por encima de todo hoy despedimos a un gran amigo. Aquel que sabía escuchar, que ofrecía el consejo justo en el momento preciso, el silencio del sabio que a pesar de su brillante trayectoria siempre mantuvo la humildad de un grande. Perderlo deja un hueco inmenso en nuestras vidas, pero nos queda el consuelo de haber sido testigos de su grandeza.
”Un maestro afecta la eternidad; nunca se sabe dónde termina su influencia”.
Augusto, tu ausencia no termina. Vive en cada colega que formó, en cada vida que salvó y en el recuerdo de quienes tuvimos el honor de ser su amigo.
La partida de Augusto es la culminación de una vida rica, de una vida plena. Conocío el amor, conocio la amistad, tuvo la fortuna de tener una vocación la de médico.
No somos lo que acumulamos, sino lo que dejamos en los demás.
Cada gesto, cada palabra, cada acto de entrega se vuelve parte del mundo, nuestras acciones no mueren; se transforman en la vida de otros. Seguiremos llamándote Augusto, te hablaremos como siempre, no usaremos ningún tono triste ni solemne, nos seguiremos riendo de los mismos chistes, porque estarías fuera de nuestra mente por el simple hecho de no verte.
Somos eternos por lo que fuimos capaces de dar, fuiste muy generoso. R.I.P
Descanse en paz.
(*) Jose Miguel Bonet, colega tuyo, desde Mburucuyá.

























