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Bellos y en peligro de extinción, la especie recupera su lugar en los Esteros

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ESTEROS DEL IBERÁ, Corrientes.– A primera hora de la mañana, Cabernet está echado sobre el malezal. Es un macho adulto joven, de cuatro o cinco años. Hace unos pocos meses, al igual que todos los venados de las pampas que viven en esta zona, cambió las astas y entró en celo. “Voltean los cuernos y les crecen nuevos y más altos. Es una forma estimativa de calcularles la edad”, dice Augusto Distel. Botas de goma hasta las rodillas –todo el terreno tiene unos centímetros de agua–, lleva en su mano el aparato con el que logra determinar su ubicación. Ya advirtió, además, a una hembrita cerca de ahí. Una yarará está agazapada entre la maleza. Cerca del camino un zorro deambula lentamente, siempre una amenaza para las crías. Este es territorio de Cabernet: así lo ha demarcado. Controla dos arenes. Se lo ha ganado “trabando guampas” con otros machos, corriendo y zapateando con las patas hacia adelante, su forma de demostrar jerarquía. A la tardecita cruzará el campo, más allá de la ruta, y recién volverá a la noche o al día siguiente. ”Pegan la vuelta como si hubieran dejado la pava en el fuego”, comenta Distel, coordinador de Conservación de la Fundación Rewilding Argentina. Un venado de las pampas macho como Cabernet puede llegar a alcanzar los 70 cm de altura y a pesar entre 30 o 40 kilos. Son muy bellos, de color bayo en toda la parte dorsal y los flancos, y color crema en la parte inferior del cuello, el vientre, y la cara inferior de la cola, así como alrededor de los ojos y los labios. Eso sí, huelen muy mal: ajo y cebolla.

foto AML
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En 2009 un equipo de veterinarios y biólogos de Argentina y Brasil realizó la primera captura y translocación de venados de las pampas en Corrientes, que sirvió para restaurar una población de la especie en la isla San Alonso, dentro del Parque Iberá

En Socorro, un área de 124 km² de sabana americana en el sudeste de la Reserva Iberá, en Corrientes, viven entre 30 y 50 venados de las pampas. Al norte, en la isla de San Alonso, 114 km² rodeados por esteros, viven otros 300 ejemplares. Estas dos poblaciones, que conviven, entre otros tantos animales, con osos hormigueros, pecaríes, tapires y yaguaretés –depredador tope de este ecosistema– son consecuencia de un trabajo de reintroducción de especies en peligro de extinción que comenzó en 2009 la Fundación Rewilding Argentina, como parte de un proyecto más amplio de restauración ecológica a la castigada región del Iberá. “Se trata de un proyecto que busca devolverle todas las especies que le faltaban al Iberá para que vuelva a tener un ecosistema completo –dice Gustavo Solís, veterinario, responsable en Rewilding del ingreso de individuos a los proyectos de reintroducción de especies–. Desde el depredador tope, que es el yaguareté, para abajo. Y dentro de esas especies, el venado de las pampas era clave, porque era uno de los grandes herbívoros de pastizal que estaban faltando”. Hasta este proyecto, no había venados en Corrientes dentro de áreas protegidas. Hoy, a casi 15 años de iniciado, las de Socorro y San Alonso son las mayores poblaciones de venados de las pampas dentro de un área protegida en todo el país. Las últimas estimaciones poblacionales a nivel país datan de 2019 y consignan que sólo quedan no más de 2500 ejemplares: unos 1500 en Corrientes; 700 en San Luis, mayormente en campos privados; unos 200 en la Bahía de Samborombón, en Buenos Aires; y no más de 50 en el norte de Santa Fe. Solís advierte, sin embargo, que se sabe que la población de venados a nivel nacional viene declinando.

foto AML
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Los venados son gregarios, y se los suele ver en pequeños grupos de tres a seis animales, aunque también pueden observarse manadas de 20 o más

El venado de las pampas fue en el pasado una de las especies autóctonas más comunes de la región pampeana y hoy es una de las más raras, tanto que está en peligro de extinción. Según publicaciones del investigador argentino Mariano Giménez Dixon, el venado de las pampas ha sido mencionado por diversos viajeros e historiadores de la región, desde Reginaldo De Lizarraga en 1570, hasta Charles Darwin o Guillermo Hudson en el siglo XIX. Los guaraníes los llamaban Gwazú-ti y los puelches, Yoam-Shezcé. Venado de las pampas es como lo nombraban los europeos. “Su presencia no solo era común sino que era objeto de caza tanto por su carne y piel como por la obtención de las piedras bezoares, cálculos calcáreos que se hallarían en el estómago, con supuestas propiedades medicinales. También fueron aprovechados por las poblaciones aborígenes, habiéndose hallado restos de este cérvido en yacimientos indígenas anteriores a la llegada del europeo. Los gauchos, además, acostumbraban perseguirlos en partidas deportivas a fin de probar su destreza con las boleadoras; el venado formó parte de su léxico así como de sus creencias y leyendas”, escribió Giménez Dixon. ¿Por qué fue desapareciendo? Según el investigador, la disminución de las poblaciones comenzó a ser notoria a inicios del siglo XX. Entre las causas, menciona la reducción y modificación de sus hábitats, la introducción de ganado doméstico así como de fauna y enfermedades exóticas, y la sobrecaza deportiva y comercial. Por ejemplo, hay registros de que durante el período 1860/70 fueron exportados alrededor de dos millones de cueros de esta especie. Gustavo Solís agrega dos factores que estos días también marcaron la disminución de la población en el país: “Una de las explotaciones que más afecta al venado de los pampas es la resinería, es decir cuando en las forestaciones empiezan a extraer resina porque van grupos muy grandes de personas, con perros y poco control. A esto hay que sumarle los tremendos incendios que hubo en 2021 y 2022”, dice.

Una especie amenazada

Las últimas estimaciones poblacionales a nivel país datan de 2019 y consignan que sólo quedan no más de 2500 ejemplares

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Paciencia y conocer a los animales. Es el mantra que repite Gustavo Solís cuando recuerda aquellos días de captura, hace más de una década. El proyecto se había aprobado y puesto en marcha. Se habían empapado de la experiencia del brasileño José Maurício Barbanti Duarte, uno de los expertos en cérvidos más importantes de la región. El mejor, según Solís. Incluso los había acompañado en la primera captura. Pero en la segunda captura, ya estaban solos. Y eran puros nervios. “De este dardo depende que se desate todo el ciclo”, le repetía una voz en la cabeza de Solís, mientras sostenía el rifle con el telémetro. Podían pasar dos días enteros sin disparar. Las tierras que rodean al río Aguapey, al este de los Esteros del Iberá, donde hicieron esas primeras capturas de venados, son, en palabras de Solís, “bañados horribles” que les servían de refugio, pero que no eran su hábitat natural como lo puede ser el monte o los pastizales. “Teníamos que andar con el tractor y una especie de plataforma que llevábamos atrás y enganchábamos al tres puntos del tractor. Desde ahí nosotros le disparábamos. Una vez que se dormía, se le tomaban muestras, medidas y se le colocaba el collar. Cuando estaba listo, ya intubado para la anestesia, lo trasladábamos a la plataforma del tractor. De ahí a la camioneta, y desde la camioneta iba al helicóptero o al avión para ser trasladado al lugar definitivo, que era la isla de San Alonso”, detalla Solís. Pero nada resultaba sencillo. El primer escollo era sortear la burocracia para conseguir las autorizaciones de las capturas, que las obtenían por cantidad de ejemplares. Luego, cada detalle era un desafío en sí mismo: habituar a los venados al ruido del tractor, elegir los ejemplares –que fueran jóvenes para que tengan mayor sobrevida dentro del proyecto–, y aceptar que había venados que iban a morir durante las capturas. Por eso, las modificaciones constantes: del tipo de dardo, del tipo de anestesia. Y así, ya no murieron más ejemplares durante las capturas. También hicieron capturas en campos forestales. Había menos venados, pero podían prescindir del tractor y recorrían los caminos en camioneta. Los venados estaban acostumbrados a las camionetas de las empresas forestales, y no les tenían miedo, no lo asociaban con un peligro. Les disparaban el dardo desde la misma camioneta y ahí comenzaban el mismo proceso para el traslado. La siguiente estación era un corral de presuelta, ideal para que se conozcan y se aquerencien, antes de ser nuevamente liberados y monitoreados.

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Los adultos jóvenes tienen velvet en los cuernos, es decir que están cubiertos de un terciopelo porque aún tiene irrigación en la zona; a medida que los van volteando, los nuevos crecen más grandes.

Juan Cruz Minvielle Cepeda estaciona la camioneta a un costado del camino. Forma parte de la Fundación Rewilding Argentina desde hace cuatro años y vive en la estación biológica que está en la isla San Alonso; se dedica a monitorear las especies reintroducidas. A veces con la camioneta, a veces a caballo. En esa zona, la mayor parte de la tierra es agua. El terreno es arenoso. En los parches de monte, los terrenos más altos, se ven árboles de lapacho, ambay, laurel blanco, curupí. Gracias a una quema controlada reciente, relucen los brotes verdes y tiernos, los preferidos de los venados de las pampas. La población de San Alonso alcanza los 300 ejemplares. Conviven con ciervos de los pantanos, pecaríes, carpinchos, chanchos cimarrones –una amenaza–, yaguaretés. Fauna típica del Iberá. “Llegué a ver grupos de hasta 20 venados o más”, dice Juan Cruz, con una sonrisa. La población ya entró en la etapa de dispersión: van obteniendo información de avistajes de venados de distintos campos. En Mercedes, San Nicolás, Concepción. Hasta 100 km de distancia. En censos posteriores a los de 2019, Solís cuenta que notaron una disminución de la población en las forestaciones y una migración hacia el sur, a campos ganaderos. Es muy reciente y lo están evaluando: “Es un proceso de dispersión que aún no terminamos de definir”. “Si fuera un colegio, los osos hormigueros y los venados ya son los egresados –dice Solís–. Crecieron y se empezaron a dispersar. Y esa es la idea”.

“El proyecto busca devolverle todas las especies que le faltaban al Iberá para que vuelva a tener un ecosistema completo”. GUSTAVO SOLÍS, VETERINARIO.

Fuente: lanacion.com.ar

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Rewilding Argentina brindó datos del yaguareté filmado cruzando el Paraná

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El domingo 18 de febrero por la mañana, un yaguareté volvió a ser visto a orillas del Paraná. Un grupo de turistas brasileños que participaban de una excursión de pesca embarcada en el Paraná, cerca de la localidad correntina de Itá Ibaté, logró filmar a un yaguareté cruzando el Paraná. El video, que se ha viralizado muestra al animal nadando y arribando a las costas argentinas.

Aún no existen precisiones acerca de si el animal arribó desde Paraguay o si es uno de los ejemplares que habitan el Parque Iberá, donde la especie ha sido recientemente reintroducida tras más de 70 años de extinción.

Según informó la Fundación Rewilding Argentina, “si el animal es uno de los ejemplares del Parque Iberá, se trataría de un macho joven de menos de dos años de edad nacido en libertad en el parque, y de nombre Mombiry. Como todos los yaguaretés silvestres, huye ante la presencia del hombre y no debe ser molestado. Mombiry, al igual que los machos jóvenes de muchas especies, tiende a explorar nuevos territorios y sus huellas ya han sido observadas en algunos campos ganaderos y forestales cercanos al Iberá”.

Desde Rewilding Argentina mencionaron que “la actitud de los correntinos ha resultado ejemplar, y que siempre han avisado para que personal de esta Fundación se pueda hacer presente para brindar información y cuidar de Mombiry durante sus movimientos fuera del parque”, y agregaron que “los correntinos se han convertido en los guardianes del yaguareté y de la fauna del Iberá, que hoy es símbolo cultural y orgullo de esa provincia, además de un motor de economía a través del turismo basado en el avistaje de fauna”.

También recalcaron que “el yaguareté no es agresivo, escapa del hombre y no debe ser molestado. En este sentido tiene el mismo comportamiento que el puma, que ya es una presencia frecuente en toda la provincia. El yaguareté además es Monumento Natural de Corrientes y su caza está prohibida y penada por ley”.

Personal de la Fundación y de la Dirección de Recursos Naturales de la provincia ya se encuentra en la zona del avistaje cuidando al animal y asegurándose de que se encuentre en un sitio protegido.

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Argentina abandonó un estudio que la exponía como la más contaminada con pesticidas

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El relevamiento conocido como Proyecto SPRINT es financiado por la Unión Europea. De acuerdo a informes que en el país no se hicieron oficiales, Argentina presentó las cifras más altas de contaminación en alimentos, superficies de agua, sangre, orina y heces humanas. El doctor Horacio Lucero- referente en el estudio del problema sanitario vinculado al uso de Agroquímicos- analiza las implicancias de la decisión tomada por el INTA.

De manera sorpresiva y poco clara Argentina se retiró del Proyecto SPRINT, una iniciativa académica-científica dirigida a medir la presencia de residuos de agroquímicos en el ambiente y las personas, que es financiada desde 2020 por la Unión Europea.

Argentina ingresó al consorcio de instituciones científicas que llevan adelante el Proyecto en el año 2021, cuando empezaron a realizarse las primeras mediciones a cargo de la doctora Virginia Aparicio. La participación del país se hizo a través del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA).

SPRINT que en sus siglas en inglés significa Transición Sostenible de Protección Vegetal, Un Enfoque de Salud Global; es un relevamiento que se extenderá hasta el 2025 y busca “evaluar los riesgos e impactos en el medio ambiente y la salud humana a los efectos de acelerar la adopción de soluciones innovadoras reales, hacia una protección real en el contexto de un enfoque de salud global”.

La salida imprevista del proyecto por parte de Argentina estaría asociada a los resultados comparativos adversos que la posicionarían encabezando índices de contaminación con pesticidas por encima de los países europeos, sólo superados por los Países Bajos.

Sin una explicación fundada el entonces presidente del Consejo Directivo del INTA, Mariano Garmendia, anunciaba mediante Resolución firmada el 7 de diciembre pasado (días previos a su renuncia), el retiro de la Argentina del relevamiento, del que también participan Dinamarca, Croacia, Eslovenia, Francia, Portugal, España, Italia, Suiza y República Checa.

Cifras críticas. A partir de los informes publicados y hechos públicos a nivel internacional, pero que Argentina no los hizo oficial, queda en evidencia que el país presentó las cifras más altas de las reportadas por todos los países intervinientes.

Del muestreo en Argentina participaron 73 personas. De las cuales, un tercio eran consumidoras; un tercio habitantes de pueblos pequeños y “vecinos de productores”; y un tercio productores agropecuarios, de los cuales la mitad usa plaguicidas y la otra mitad trabaja agroecológicamente. Se tomaron pruebas en ambiente, alimentos, granos y muestras biológicas en animales.

En los informes publicados queda detallada la siguiente información. “El total de participantes argentinos presentó un rango de 6 a 13 plaguicidas en orina, un rango de 2 a 10 plaguicidas en sangre y un rango de 0 a 18 plaguicidas en materia fecal”. En los ambientes en los que esas personas se mueven a diario, “el total de participantes argentinos presentó un rango de 7 a 53 plaguicidas en las pulseras de detección de contaminación ambiental”.

“EL TOTAL DE PARTICIPANTES ARGENTINOS PRESENTÓ UN RANGO DE 6 A 13 PLAGUICIDAS EN ORINA…..”

En alimento para animales, en “un rango de 5 a 25 plaguicidas”. En suelos, “el total de muestras analizados en Argentina presentó un rango de 0 a 12 plaguicidas en suelo”. También en agua superficial (en la zona de trabajo de SPRINT) en “el total de muestras analizadas presentó un rango de 10 a 28 plaguicidas”.

Comparativamente, los resultados señalan que hay presencia del herbicida Glifosato, en orina en el 86,1% de los argentinos muestreados y en el 35,2% de los europeos, mientras al analizar las heces humanas se detecta ese plaguicida en el 70,5% de las personas residentes en Europa y en el 100% de los bonaerenses.

Para el caso del clorpirifos, el 3,7% de europeos tiene en sus heces ese tóxico, mientras que para la Argentina el número asciende a 37,7%.

 Mala decisión. Para comprender las consecuencias en lo académico, científico y hasta sanitario, UNNE Medios convocó al doctor Horaco Lucero, Jefe del Laboratorio de Genética y Biología Molecular del Instituto de Medicina Regional-UNNE, un referente en el estudio del problema sanitario vinculado al uso de Agroquímicos en la Argentina.

-Ayúdenos a analizar decisiones de esta índole, posiblemente haya razones que justifiquen que Argentina se haya separado de SPRINT.

-Existen países, como los impulsores del proyecto, genuinamente preocupados por los efectos adversos demostrados por los pesticidas y la necesaria “Transición Sostenible de Protección Vegetal”. Por eso están acumulando evidencias científicas sólidas en gran volumen, que ayudarán a la toma responsable de decisiones hacia esa transición gradual e impostergable. Vivir en un país que niega sistemáticamente la avalancha de evidencia de peso científico en pos de la rentabilidad del producto de la actividad extractiva, es muy angustiante.

Doctor Horacio Lucero, Jefe del Laboratorio de Genética y Biología Molecular del Instituto de Medicina Regional-UNNE

-¿Que ocurre cuando existe información sostenida por evidencias claras y publicadas en las revistas de divulgación científica más prestigiosas, y aun así esos antecedentes y alertas, no logran modificar conductas?.

-Si alguien resta importancia a la avalancha de evidencias científicas, debería al menos encarar, si fuera idóneo, o encargar estudios científicos que demuestren lo contrario mediante pruebas validadas y sometidas a consideración por la comunidad científica. ¿Es una obviedad decir que tales estudios deben ser independientes?. Si están subsidiados por las compañías productoras y comercializadoras de Agroquímicos, los resultados y conclusiones son más predecibles que el mismo futuro de nuestras próximas generaciones sometidas a dosis crónicas de tóxicos ambientales.

“SI ALGUIEN RESTA IMPORTANCIA A LA AVALANCHA DE EVIDENCIAS CIENTÍFICAS, DEBERÍA AL MENOS (…) ENCARGAR ESTUDIOS CIENTÍFICOS QUE DEMUESTREN LO CONTRARIO…”

Resulta muy poco serio adherir a los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) proclamados por la ONU para 2030, si no vamos a aceptar como país los resultados que claramente demuestran el desmanejo por décadas enteras, en lo que respecta al uso responsable de Agroquímicos en los territorios.

Muchos países ya han comenzado a formular planes nacionales para una Transición Justa, y observar estos ejemplos prácticos puede servir de inspiración y de lección en otros lugares del mundo. Cuarenta y seis naciones se comprometieron a desarrollar estrategias de Transición Justa en la Cumbre de Acción Climática de la ONU en 2019, y desde entonces otros países y empresas se han sumado al esfuerzo.

Claramente esta decisión nos deja fuera de los países seriamente interesados en estos objetivos y demuestra una notoria fractura del mundo académico con las políticas públicas.

-Que el país disponga de esa información actualizada, ¿para qué le sirve?, ¿qué utilidad le puede dar?.

-Contar con datos confiables, obtenidos por métodos estandarizados internacionalmente, le permite a los países ejercer acciones preventivas antes de tener indicadores de salud que demuestren que el daño ya está hecho.

Los Pesticidas pueden ejercer una acción tóxica al genoma de cualquier especie y que está en directa relación con la dosis, el tiempo de exposición y la naturaleza misma del compuesto sintético y del ADN en cuestión.

Además, existe un mecanismo de reparación del ADN en las células que se encarga de restaurar el genoma dañado. Pero ese mecanismo es eficaz siempre que no exista una contaminación crónica a pequeñas o grandes dosis que puede dar como resultado una acumulación de mutaciones que ese mecanismo ya no puede reparar en forma adecuada, como es el caso de la exposición inadvertida a Pesticidas y el riesgo de comenzar procesos oncológicos.

Los resultados completos se pueden consultar en:

https://sciencesummitunga78.sched.com/event/1Nr8k/in-person-pesticide-residues-in-the-ecosystem-and-humans-across-europe-linking-sprint-field-data-to-health-risks-270907

Fuente: mediosunne.edu.ar

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Ambiente

Entregaron ovitrampas y dieron una Charla en los B° Universitario y 17 de Agosto

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El Ministerio de Desarrollo Social de la provincia, realizó este lunes 5 de febrero por la mañana, la entrega de ovitrampas y brindó una charla Informativa en los barrios Universitario y 17° de Agosto de la Capital, en el marco del Plan de Lucha contra el Dengue.

La cartera social como ente ejecutor de esta Campaña preventiva contra el Dengue, brindó la capacitación, teniendo como orador al Director General de Participación Social y Abordaje Territorial, Alfredo González en el B° Pirayui y en el B° Ongay, con distribución de las ovitrampas y aspersores para el combate en el domicilio

Se tiene previsto continuar visitando las delegaciones de los distintos barrios esta semana: el martes 6/02 B° Ponce a las (9hs)- San Ignacio a las (10:30), el miércoles 7/02 en Ciudades Correntinas a las (9hs) – Santa Rita a las (10:30hs), el jueves 8/02 en el Montaña Zona V a las (9hs) y en el Pirayui Viejo a las (10:30hs)

La actividad es desarrollada por el Ministerio de Desarrollo Social juntpo con el equipo de los Ministerios, de Coordinación y Planificación, el Ministerio de Salud Pública y la Municipalidad de la Ciudad de Corrientes.

La charla está dirigida a delegados municipales y a vecinos que deseen acercarse e informarse.

La medida más importante de prevención es la eliminación de los criaderos de mosquitos, es decir todos aquellos recipientes que acumulen agua dentro y fuera de casa, ya que este mosquito tiene hábitos domiciliarios.

El mosquito Aedes Aegypti solo necesita agua quieta y un poco de sombra para dejar sus huevos y reproducirse, cualquier recipiente con una mínima cantidad de agua puede ser un criadero, eliminarlos está al alcance de cualquier persona, mediante tareas simples podemos evitar que el mosquito se reproduzca.

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